¿Por qué la sal y la pimienta siempre van juntas?

Esta historia que parece de amor se remonta a tiempos muy remotos.


Antes se creía que nuestro paladar se dividía en ciertas secciones para detectar sabores diferentes, desde lo ácido hasta lo más salado, pasando por lo dulce y amargo. Ahora sabemos que todo responde a un sabor, con distinta sensibilidad. En realidad, lo que pasa es que nuestro organismo interpreta todos los sabores, dependiendo mucho de la concentración de estos. 


Dato curioso: combinamos sabores porque obtenemos reacciones y sensaciones diferentes. Por ejemplo, un alimento agrio puede mejorar, en gran medida un platillo amargo, tal como hacemos al agregar limón a los cócteles. La sal, como sabemos, es una especia universal que condimenta y sazona muchísimos platillos, desde comidas, postres, bebidas y más.

Sal Sol Sal de mar

La versatilidad de la sal es increíble, en baja cantidad, puede ayudar a reducir el sabor amargo de un platillo, pero también puede aumentar lo dulce.


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Sal sol

Entonces, ¿cuándo empezó esta historia de amor?

 

Nos tenemos que remontar a la Europa medieval donde se utilizaba en gran medida el clavo, la canela, el jengibre y, por supuesto, el azúcar para sazonar los alimentos. Pero los platillos de gran calidad querían distinguirse al combinar sabores exóticos que se contrastaran entre sí. Y adivina qué, la pimienta era uno de los condimentos que sólo la alta sociedad podía adquirir para sus comidas.

 

Era realmente costosa, aunque todo cambió cuando los europeos comenzaron con su colonización. Los precios bajaron gradualmente y este tipo de comidas tan “exóticas” comenzaron a ser comunes.


Pimienta Sal de mar

Se sabe que el Rey Luis XIV de Francia creía que era vulgar sazonar de esa manera tan extravagante sus platillos, fue entonces que sus cocineros simplificaron la cocina, determinando qué ingredientes, sabores y condimentos debían ir juntos.

 

Dato curioso: ellos fueron quienes comenzaron a servir primero la comida (salada), y al final el postre (dulce).

 

Finalmente, en el siglo XIX la sal y pimienta ya estaban casadas y siempre juntas (teniendo en cuenta que la pimienta muchas veces se encontraba en alguna otra presentación, como la pimienta negra o la cayena). Y claro, lo que siempre estaba presente y no podía faltar en las mesas, era la sal, incluso ya se utilizaban pequeños saleros, disponibles para cualquier persona (no sólo de la clase alta).

 

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¿Qué te parece esta historia?, ¿la conocías?

Sal sol, la sal que te cuida.

Fuente: BBC

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